¡Secuestrado! Cuando los piratas capuraron a Julio César

Una de las actividades más redituables de un barco pirata era el secuestro de los adinerados a cambio de un rescate. Los piratas recurrían a esta práctica lucrativa muy a menudo pues preferían tener un buen día de pago que una “gloriosa” pero sangrienta batalla con otros corsarios

¿Sabías que Julio César (sí, El César) fue capturado y rescatado por piratas sicilianos? Sí así fue. En lugar de sentirse intimidado por ellos hizo las cosas a su manera. Exigió que se incrementara el rescate solicitado de veinte talentos de plata (apenas $600,000) a cincuenta ($1’500,000) puesto que era alguien demasiado importante para tan insignificante suma de rescate solicitada. Los piratas por supuesto que aceptaron gustosos sus exigencias.

Los historiadores aseguran que los piratas permitieron que Julio César enviara a su sirviente a recoger el dinero del rescate y trataron al emperador romano de la mejor manera. Los piratas le accedieron a dejarlo actuar en libertad (dentro de los límites razonables) y no le infringieron daño alguno. Hay quienes afirman que esta conducta se debió a que Julio César actuó como su líder y a cambio los piratas lo respetaban. Sin embargo muy probablemente a los piratas les pareció un rehén muy divertido y no quisieron arriesgar el pago del rescate lastimando al prisionero.

Desafortunadamente para los piratas Julio César juró que crucificaría a cada uno de ellos por lo que le habían hecho. Así luego de ser liberado envió una flota para capturarlos. Los secuestradores de Julio César debieron haber estado disfrutando de la enorme recompensa pues cuando éste llegó con su gente ellos todavía se encontraban en el mismo lugar donde los había dejado. Tal y como lo había prometido todos piratas fueron sacrificados a pesar del fallido intento del entonces procónsul de venderlos como esclavos.

¿Cuál es la lección? Si bien los piratas eran los lobos del mar temidos por la mayoría de los hombres siempre hay alguien más poderoso. En este caso se trató de Julio César y nuestros desafortunados piratas pagaron el precio por entrometerse con el célebre guardián romano.

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